12/5/10

Sevilla 2010: una panda con "duende"

Dentro de las actividades lúdico-festiva de nuestra querida institución atlética, el pasado fin de semana el Presidente tuvo a bien invitarnos a pasar unos días en Sevilla (la invitación era exclusiva para la sección atlética, la única que aporta trofeos, y no para la futbolística).

Tras una hora de espera en Alvedro, aterrizamos en Sevilla a las 01 horas del sábado. Los diecisiete integrantes de la expedición depositamos, ruidosamente, las maletas en el hotel seleccionado y nos dirigimos al inspeccionar la noche sevillana. El general Sobrinoff, de ahora en adelante conocido por don Andrés (le tendrá que dar las pertinentes explicaciones a su santa esposa coruñesa…) nos hizo una selección de sus lugares preferidos. Está claro que cuando él (sólo él) está en la Hispalis frecuenta unos lugares y unas compañías “especiales”. El Presidente disfrutó enormemente con la visón del paisanaje noctuno.

A la mañana del sábado nos levantamos con la noticia de que teníamos Alvedro cerrado, por culpa de no sé que cenizas volcánicas, y que hasta el domingo no se sabría si abriría. Por lo tanto, a relajarse y disfrutar de la ruta marcada por Sobrinoff, uy, perdón, por don Andrés: Catedral, Giralda, Barrio de Santa Cruz, comida, cervezas, rebujitos (una jarra y luego otra y luego …) Tarde relajada, Palacio de san Telmo, Universidad, Reales Alcázares. Hasta el Barça quiso vernos por las calles sevillanas y se acercó por nuestro paseo vespertino.

Para terminar la tarde nos adentramos en los baños árabes donde el silencio era una norma y digo “era” en pasado. La alegría, la cordialidad y la camaradería no conjugan bien con silencio. Hubo quien se hizo unos largos, quien chapoteó, quien se dedicó a localizar parejas y quien se metió en donde no cabía. Total, que tras hora y media de relajación salimos todos agotados de descansar.

Para cerrar el sábado sólo tendríamos que desplazarnos “unos cinco minutitos” hasta la cena árabe reservada. Ya es por todos conocido que a don Andrés el tiempo y la distancia no se le dan bien ya que para él todo está próximo en el espacio y el en tiempo (en las carreras también suele calcular mal dónde se encuentra la meta puesto que tarda bastante en localizarla) La cena… a la altura de casi todos los comensales (no reproduciré alguno de los comentarios realizados por el Presidente por si alguien educado lee esta crónica) Tal fue así que la cocinera salió a saludarnos siendo respondida por dos calurosos aplausos.

Y otra vez a por la noche sevillana, a probar los gin-tónics en otros locales. El resultado de la educación sentimental de nuestro querido patrocinador fue muy positivo: sólo puede mejorar, el futuro le espera (pasado casi no hay)

Amanecimos el domingo con Alvedro cerrado hasta las 11 horas. Desayunamos espléndidamente en el lugar seleccionado por nuestro explorador ferrolano (al allegado de Lugo y compañía aún no le hemos encontrado utilidad práctica), con la ausencia de una pareja (la de siempre, la que nunca es la primera, la que más disfruta de la cama). Horas de incertidumbre estudiando las posibles alternativas de regreso. Teléfonos móviles trabajando a tope. Los contactos funcionaron plenamente por lo que tocaba relajarse hasta media tarde. Tras la experiencia en Koblenza (los últimos en embarcar) ya nada malo no podía suceder. Somos una panda con "duende"

Paseo hasta el Museo de Bella Artes. Gran cola para acceder. Afortunadamente el combate artístico previsto y para el que alguno de los contrincantes estudió robándole horas al sueño, no se produjo y las aguas de río que pasa por Sevilla (¿cual era?) no se tiñeron de rojo. La confrontación histórico-artística no pasó de algunas pequeñas escaramuzas y un gran intercambio de saberes. Que conste que además de correr también conocemos algunas cosillas… Paseo hasta el Parque de María Luisa y la Plaza de España. Comida en el Barrio de Santa Cruz. Y paseo de regreso al hotel con “paradiña” técnica al borde del río, frente a la Torre del Oro.

Como Míster “Dame 50 euros” no quiso gastarse todo el fondo, nos regaló una botellitas de vino en el aeropuerto. Vuelo de regreso sin incidencia. Llegamos con lluvia y frío. Falta de organización en la recogida de vehículos y a dormir…

¿Qué nuevo destino nos preparará el señor Presidente?



1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola